No es crimen pasional, es femicidio

Barroco en Barracas,

las Novias del Templo Escondido

 

Por Nadia Szumejko

 

“Hay criminales que proclaman tan campantes ‘la maté porque era mía’, así no más, como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia y derecho de propiedad privada, que hace al hombre dueño de la mujer. Pero ninguno, ninguno, ni el más macho de los supermachos tiene la valentía de confesar ‘la maté por miedo’, porque al fin y al cabo el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo”

Galeano

 

Un fin de semana gris, lluvioso, y una potente propuesta en el Complejo Histórico Santa Felicitas que interpela al espectador en un sitio que vibra la historia de dolor y de muerte de Felicitas Guerrero. Ayer Crimen Pasional, hoy Femicidio. El 4 y 5 de mayo Andrea Castelli presentó con cuatro únicas funciones la intervención coreográfica “Barroco en Barracas, Las Novias del Templo Escondido”.

000200339

Los cerámicos moriscos, el olor a madera y piedra húmeda, los techos inalcanzables son un flash de viaje en el tiempo. La familia Guerrero construyó una iglesia en 1875 en el lugar donde su hija Felicitas de 26 años había sido asesinada por su ex pareja, luego de que ella se negara a casarse con él.

Mientras caminaba hacia “El Templo Escondido”, repasaba en mi mente “Felicitas fue asesinada en 1872, crimen pasional le decían. Felicitas creía en el amor. Felicitas estaba enamorada de otro hombre. Felicitas fue víctima de un acto de extralimitada pasión. Felicitas es culpable por no corresponder al amor de un hombre.” El aire se puso pesado. Subimos unas escaleras de doble entrada, maderas gruesas y macizas. Las puertas del Templo Escondido se abrieron, sonaba música litúrgica y como en un transe ingresamos al templo neogótico. Los bailarines se encontraban de a pares subidos a las columnas, simulando desnudez con ropa interior color natural. O quizás eran las almas invisibles invocadas que nos estaban por contar una historia, la del pasado que aún tiene presente. Nosotros, el público, gozamos con la libertad de movernos en el espacio durante toda la performance.

El vestuario es de alto impacto simbólico, en sinergia de luces, música y ambiente gótico. El templo como escenario genera una hipnótica solemnidad, la posibilidad de ser testigo flotante de la escena del rincón que se eligiera. Ser un observador dinámico, moverse con el relato.

Un desfile de vestidos blancos con largas colas, telas brillosas de satén y texturas de tules camina enérgico por lo largo del templo. Todas Novias. Una ceremonia de baile protocolar, códigos sociales impuestos y la violencia que emerge de los sujetos reprimidos. La puesta en escena comienza a hilar una progresión de sucesos que irán elevando el nivel de violencia, represión y mandatos patriarcales. Hombres perpetuando actos cobardes respaldados por pactos de caballeros. Mujeres sometidas que se consuelan resignadas cumpliendo sus fatales destinos.

“Crimen pasional” para atenuar el acto de violencia aberrante, hablando de pasión para justificar un accionar insensato. Cuando hablamos de pasión hablamos de impulsos, reacciones en estado de inconsciencia. El hombre actuó bajo la influencia de sus pasiones más bajas. Protejamos al hombre, que la carga de la culpa repose sobre la mujer. Bailar la muerte y el dolor de Felicitas Guerrero es bailar todas las muertes y todo el dolor de la violencia del hombre hacia la mujer por el simple hecho de ser mujer.

000200299

Anuncios

Un comentario en “No es crimen pasional, es femicidio

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s