Agrietando la grieta

congreso_49

Los banquitos, los balaustres, los adoquines de la plaza del Congreso, kilómetro cero de la República, se hicieron trizas. La gran plaza higienista quedó agrietada al volverse campo de batalla. Pero una grieta es un espacio por el que pasa algo, y algo pasó por entre la plaza del Congreso, aunque ahora el Gobierno se apresta a reparar los daños y borrar las grietas, sobreactuando el costo económico de los destrozos para así dar culpa.

Lo cierto es que la plaza del Congreso ya está en reparaciones y pronto quedará maquillada como si nada hubiera pasado o como si nada pasase por entre las grietas. El kilómetro cero quedará entonces 0 km. Queda por verse, en cambio, si el Gobierno también será capaz de restituir sus propias formas, de reconstituirse o auto-repararse, de volver a maquillarse, luego de la victoria pírrica lograda en una Cámara de Diputados rodeada por miles de manifestante presionando en contra de la votación de la ley de reforma previsional, previamente golpeados, baleados, gaseados, en fin, humillados, por la Gendarmería de Patricia Bullrich.

Pero vayamos directo al grano: ¿quién agredió primero? Definitivamente, el Gobierno. No una, sino dos veces: primero, al reducir los aumentos jubilatorios, vendiéndolos, fraudulentamente, como un beneficio para los jubilados. Segundo, al reprimir, brutalmente, las manifestaciones del jueves 14. Ese mismo día, cuando se suspendió la sesión por los acontecimientos en las inmediaciones del palacio blindado, Elisa Carrió, con buena puntería, salió a declarar, contra Bullrich, que: “no es bueno hacer tanta ostentación de la fuerza”. Carrió, legisladora profesional, confiaba en los votos juntados por el oficialismo a fuerza de chantajes y pactos secretos con los gobernadores. Bullrich, en cambio, es solo una exhibicionista de la fuerza que incluso desfila disfrazada de gendarme, camuflándose entre los camuflados. El problema que entrevieron Carrió con sus declaraciones, y Rodríguez Larreta, con su cambio de estrategia represiva durante las manifestaciones del lunes 14, es que la ostentación de la fuerza solo tiene de fuerza la apariencia, pero no es fuerza genuina, sino, precisamente, mera violencia. Cuando las redes sociales se burlan de Bullrich por ser una supuesta borracha, también están señalando, quizá inintencionadamente, algo mucho menos banal: Bullrich está ebria, pero embriagada de violencia represiva.

reformas-del-gobierno-2592951w640

Pero Patricia Bullrich no actúa sola. Muchos funcionarios y comunicadores oficialistas se embriagan con ella. Es el ala de ultra-derecha, el halcón, de la derecha gobernante que, ante grandes manifestaciones, solo atina a preguntarse a qué tecnologías de control de multitudes acudir. No hay que olvidar que, para el reverendo Durán Barba, las manifestaciones callejeras ya no tienen ninguna incidencia política (convencen a los ya convencidos y refuerzan los posicionamientos de los que ya están en contra) y que sería posible gobernar, en “la política del siglo XXI” (tal el título de su último best seller), mediante focus group diario y control de multitudes.

A todas luces, la opción dura de Bullrich, carente de toda sutileza, resultó ineficaz, echando más leña al fuego. La estrategia “suave” de Rodríguez Larreta (suave en comparación con la de Bullrich) con la Policía de la Ciudad, posibilitó, en cambio, desalojar la plaza y llevar a término la sesión fatídica. Las fuerzas populares recuperaron terreno al caer la noche, desempolvando las viejas cacerolas del 2001. No alcanzó para subir a Macri al helicóptero, ni siquiera para dar vuelta el resultado de la votación, pero sí para disipar la confusión diurna, ya que este es el principal problema con la ambivalente violencia contra-represiva: en su faz positiva, hace ver que los oprimidos no se dejan doblegar o, en términos callejeros, no se dejan descansar. En su faz negativa, aumenta la confusión y se deja infiltrar demasiado fácilmente. Complica más las cosas. Reduce el trabajo paciente de la lucha política a un ritual de purgación, cuasi-mágico y pseudo-revolucionario, desviando el centro de atención y parcializando la discusión. Expone a los que protestan al descrédito mediático, en la época donde todo es filmado, registrado, velozmente manipulado y viralizado.

El macrismo ganó la votación, pero a un costo, si no pírrico, muy considerable: mostró la hilacha, dejó que se le corra el maquillaje, quedó cascoteado y más inestable. ¿Aprenderán, feedback mediante, de sus errores? ¿O especulan con que el grueso de sus votantes consienten y apoyan la represión a toda costa de la protesta social, como en el lema roquista de “Paz y Administración”?

La gran escaramuza de este diciembre deja lecciones para todos y todas. En este sentido: agrietó la demasiado endurecida grieta, de la que el macrismo supo sacar tanto provecho.

Gabriel Muro – Co-editor de Espectros, Revista Cultural

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s