La adopción en el reino de la espera(nza); Por Marisa Herrera

Marisa Herrera (CONICET/UBA/UNLPam)

Por estos días, ha resonado una nota titulada “Adopciones: la Ciudad busca reducir los tiempos de espera a menos de la mitad”, la cual merece ciertos -y varios- reparos, en especial, para quienes comulgamos con el pensamiento crítico ingrediente estructural y estructurante de todo investigadxr. Veamos.Marisa-Herrera
Como puntapié inicial, el título es mentiroso; mentira que se magnifica cuando se juega con la “esperanza” -calificativo muy en boga por estos tiempos- con un grupo social muy sensible como lo son las personas que pretenden formar una familia a través de la adopción. Fácil se concluye que jamás un sistema de inscripción on line para postularse y así ingresar a un registro de pretensos adoptantes podrá reducir “a menos de la mitad” la espera para la llegada de un niño a un hogar. Se trata de dos cuestiones muy diferentes: la inscripción a un registro y la selección y consecuente guarda con fines adoptivos de una persona o pareja sobre un determinado niño o grupo de hermanos. Por otra parte, profundizando un poco más, cabría preguntarse bajo qué herramientas de medición se podría afirmar que en CABA el tiempo de espera para adoptar se reduciría a más de la mitad. ¿Se tienen datos sobre los tiempos de hoy? ¿Cómo es posible estandarizar cuando las situaciones familiares de origen son tan diversas? Pareciera priorizarse lo efectista por sobre la seriedad, todo a costa de inflar “esperanzas” a personas que se encuentran en una difícil situación.
Como lo expone de manera precisa el Código Civil y Comercial al definir la adopción en su art. 594, se trata de una institución tendiente a satisfacer el derecho de todo niñx a vivir en familia y no al revés, de brindarle un hijo a las personas que no tienen. ¿Qué niñxs son los que están a la espera de una familia? Como se dice en la nota en análisis, los mayorcitos, los que padecen problemas de salud o grupos de hermanos; siendo que del total de niñxs en hogares (800/850), 170 estarían en condiciones de ser adoptados. En este contexto, se arriba a otra conclusión silenciada en el título de la nota: la espera de niñxs disminuye en los supuestos de adopciones difíciles como se suele decir, es decir, todos aquellos supuestos que se salen del deseo de los pretensos adoptantes, recién nacidos y niños pequeños (1 a 4 años de edad).
Los encuentros informativos que se destacan en la nota, no es más que una práctica que venía haciendo hace varios años el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos en la gestión anterior, experiencia tardía que se habría receptado en el ámbito local. En buena hora entonces, que se profundice sobre un espacio necesario que estaría sobredimensionado al decir el jefe de gobierno que se trata de un “cambio cultural”. ¿Acaso es posible que en unos pocos encuentros, una persona o pareja cambie su decisión de adoptar a un niño pequeño, a hacerse cargo de un grupo de hermanos de diferentes edades con historias y trayectorias de vida más consolidadas y por ende, más complejas? Esta perspectiva “esperanzadora” puede atentar con un tema que poco se habla pero que la jurisprudencia nacional cada vez observa una mayor cantidad de casos como lo son las situaciones de “devoluciones”. Sucede que forzar deseos puede traer consigo consecuencias gravísimas y violatorias de derechos humanos de niñxs sumamente vulnerables como son quienes están en situación de adoptabilidad. Precisamente, esta alerta pasa desapercibida para la máxima autoridad ejecutiva de CABA en derechos de infancia y adolescencia al admitir sin ningún pudor, que entre el plazo de la entrega del primer al segundo documento que se requeriría para ser adoptante, es decir, “En ese ir y venir, podría frustrarse la decisión”. ¿Cuán preparado puede estar una persona para adoptar si en un lapso de entre 4 o 5 meses se podría arrepentir de adoptar?
¿Por qué será que la adopción es en el campo del derecho civil, lo que la baja de la edad de punibilidad en el derecho penal? ¿Qué intereses o “esperanzas” hay detrás de ambas temáticas? El interrogante queda abierto. Lo cierto es que ambos generan una mezcla letal entre demagogia, hipocresía y desconocimiento en nombre de un falso interés superior del niño. En otras palabras, tanto la esperanza como el asistencialismo suelen tener protagonismo en contextos de políticas neoliberales. Encender esta alarma constituye un deber, compromiso y lealtad inclaudicable con, de y por los Derechos Humanos en mayúscula.

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